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Han sido 14 años de silencio…
Por Daniel Kandell Zamudio
Cuando era joven, y mi corazón era un libro abierto, solía escuchar únicamente las Golden Oldies de la estación de radio “Big D” 103 FM que se transmitía desde Bloomfield, Connecticut. Estaba obsesionado con Rockabilly, Do-Wop, Motown, rocanrol clásico, la invasión británica y el rock psicodélico de los 50’s, 60’s y principios de los 70’s (antes del disco), mientras que se me pasó de noche la música contemporánea—salvo algunas honrosas excepciones como el soundtrack de Vaselina y ‘El Enguantado’, el señor Michael Jackson. Eso fue hasta el verano de 1987, cuando mi amigo Edgar (quien en ese tiempo, como todo buen adolescente mexicano, sólo escuchaba Timbiriche), me presentó a una nueva banda de rock de Los Ángeles, llamada Guns N’ Roses.
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Recuerdo haberme sentado, escépticamente, en la habitación de Edgar cuando orgullosamente desenfundó su vinyl de Appetite for Destruction, el cual contenía escenas sádicas de violación en caricatura en el notorio arte del disco. La primera canción que tocó del lado b era terrorífica y escalofriante, e inmediatamente noté que esta versión de “My Michelle” no era un cover del hit clásico de los Beatles, sino una oscura, torcida, peligrosa, indecorosa, perversa y agresiva explotación del mismo título. Un cambio radical a las bandas chiclosas de pop que Edgar escuchaba el verano anterior. Sus discos de Timbiriche fueron encerrados en el clóset y sus paredes se forraron con imágenes de las bandas de hair metal de fines de los ochentas. El metal había arribado a los límites urbanos de la Ciudad de México.
Alimentado por hits de los Rolling Stones, The Doors y Bob Dylan, e indoctrinado a bandas como Queen, AC/DC y Aerosmith por mi hermano mayor, compañeros de clase y MTV, las bases para esta nueva música no eran completamente extrañas para mí. Regularmente encontraba, directa o indirectamente, referencias musicales (una obsesión personal de toda mi vida), las cuales estaban la mayoría de las veces perdidas para Edgar. Hasta lo que él sabía, el rocanrol comenzaba y terminaba con GN’R.
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Mientras GN’R me abrió al mundo del rocanrol y el pop contemporáneo, mi evolución musical cronológica continuó (a pesar de que fue mucho después cuando pude apreciar con vaga nostalgia mucho de la primera mitad de los ochentas, a excepción de algunos grupos como Men At Work, Devo, Duran Duran, The Police, Supertramp, Styx y The Clash) y pronto estaría asaltando la colección de discos y cassettes de mi hermano: los últimos Beatles, Pink Floyd y Led Zeppelin, los cuales conformarían mis bases y cimientos de comparación para mi repertorio musical.
Sólo dos años después del lanzamiento de su álbum-doble, “Use Your Illusion I & II”, que rompió records de ventas, Guns seguía siendo “la banda de rock más peligrosa del planeta”, a pesar de que los mainstream estadounidenses estaban adentrándose a la dizque-‘música alternativa’ y bandas de grunge como Nirvana, Pearl Jam, Alice in Chains, Smashing Pumpkins, Soundgarden, Rage Against the Machine y Red Hot Chili Peppers, quienes fueron presentados por Perry Farrell y su festival ambulante Lollapalooza.
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Así que cuando el 9 de marzo de 1993 la etapa de la gira mundial nombrada “Skin N’ Bones” llegó al Hartford Civic Center (casa de los Hartford Whalers, el equipo de hockey sobre hielo más perdedor en la historia de la NHL, quienes pronto serían perseguidos fuera de la ciudad con antorchas y tranchetes) mis cuates de la prepa y yo estábamos ahí sin discusión, en lo que sería mi primer concierto de rock. Después de que Brian May, el legendario virtuoso de la guitarra de Queen, abrió con su propia banda, los Gunners tocaron un setlist más o menos como éste:
“Welcome to the Jungle”
“Mr. Brownstone”
“The Garden”
“Live And Let Die”
“Attitude”
“Nice Boys”
“So Fine”
“Double Talkin' Jive”
“You Ain't The First” (durante la cual sacaron un viejo y maltratado colchón, sobre el que los miembros de la banda se sentaron para ejecutar los siguientes cinco números acústicos)
“You're Crazy”
“Used To Love Her”
“Patience”
“Knockin' On Heaven's Door”
“November Rain”
“Mongoloid”
“Dead Horse”
“Guitar Solo”
“Sweet Child O' Mine”
“Don't Cry” |
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Creciendo en los suburbios de Connecticut, los rumores se amontonaban en mi prepa, donde los ‘easties’, o pandrosos, se juntaban en el lado este del estacionamiento para fumar sus cigarros y contrabando justo donde terminaba la jurisdicción de la dirección. No invento. No crecí en 1957 y no estoy plagiando esto de “El club de los cinco”. Es de hecho como los punks, rockers, motorheads, bufones y pachecos se llamaban a sí mismos en ese entonces, y es como todo mundo los conocía. Había dos chavos en particular, hermanos gemelos, delgados, pálidos, de cabello largo y liso que parecían dobles de Axl Rose, y a quienes ingeniosamente llamábamos ‘los Axls’. Los Axls habían sido transferidos de Granby, el pueblo ranchero vecino de mi infierno yuppie, fresa, suburbano de cuello blanco. El rumor decía que el mismísimo William B. Bailey (alias W. Axl Rose) solía rondar esta zona cuando era más joven. Pero nunca lo creí. Sonaba a la típica mierda que se hablaba en las paradas del autobús escolar. Pero en algún punto durante el show de Hartford, Axl se detuvo entre dos canciones y confesó al abarrotado Civic Center: “Yo solía pasármela por aquí. Mi familia vacacionaba en Granby”. Nunca volví a dudar de alguien con pelo largo. Sólo trataba de imaginar en qué consistían las vacaciones de verano de la familia Bailey en Granby, Connecticut, ciudad rural, boscosa y tapizada de sembradíos de tabaco.
Edgar tuvo la oportunidad de ver a sus amados Guns en dos ocasiones en la ciudad de México, ambas en el Palacio de los Deportes, o Rebotes, como él lo llama, una broma para referirse a la terrible acústica y sonidos reverberantes generados adentro de ese antiguo domo de concreto. Así que se pueden imaginar qué tan emocionados estábamos cuando en enero descubríamos que algunas fechas de la imparable e interminable gira mundial de GN’R incluían a México. Estarían de gira para promocionar su nuevo álbum, Chinese Democracy, una costosa producción-en-progreso de trece años, de la cual solamente se han visto aplazamientos, postergaciones técnicas y problemas legales sin fin. Se supone que el nuevo álbum sería lanzado en marzo. Ya estamos en junio y nadie parece haberse preocupado por lanzarlo para coincidir con la gira, la cual originalmente empezó en el 2001 (¡!), y ahora está en su QUINTA etapa. Nuestro crítico de música, Rodney Huw Evans, quien es un gran fan de los Guns, asegura que habrá democracia en China antes de que Chinese Democracy vea la luz del día. Fuera de esa profecía audaz y auto-incidental, al menos media docena de canciones (todas sin autorización y supuestamente incompletas) de alguna forma se han escurrido al internet. ¿Será acaso una nueva estrategia de mercadotecnia maquinada por ingeniosos y desesperados ejecutivos de la disquera, erizos de nuevas ideas promocionales, ahora que Roma está oficialmente ardiendo? ¿Será todo esto parte de un plan maestro en la época post-internet, de las bandas ostentosas y costosas, que ya no pueden depender de las ventas de sus discos para recuperar su inversión? Dejando mis teorías de conspiración a un lado, los Gunners se vieron muy listos al vender tres llenos totales en México sin ninguna campaña de publicidad, sin material nuevo disponible en tiendas y con tiempo al aire limitado para algunas canciones ilegalmente colocadas. ¿Quién lo hubiera pensado?
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Han pasado catorce años desde que alguno de nosotros vio a los Gunners en vivo, y mucho ha cambiado desde entonces, tanto fuera como dentro de la banda. En esos catorce años de ausencia, hemos visto la subida y caída del grunge, la proliferación total del rap, la comercialización del rock ‘indie’ y la omnipresencia de la música electrónica. Sin mencionar a las ‘boy bands’, ‘girl bands’ y copias al carbón en serie de irritantes punks pop de Orange County. Los chavos ya no le rinden tributo a los rockstars como en los viejos tiempos. Con la llegada de servicios como Napster, Kazaa y Limewire, y sitios como Myspace, los chavos ya no tienen que escuchar lo que obligan a hacer las cinco grandes disqueras, la radio corporativa o el MTV. En muchas maneras, el campo de juego se ha mejorado, y ahora todo mundo tiene la misma oportunidad de ser escuchado y volverse famoso. Por otra parte, con tantas opciones musicales allá afuera, y sin visos de terminar, probablemente es más difícil ahora que alguien pueda ‘pegar’.
Hacia el interior de la banda, la mayor diferencia es que Axl es el único miembro original. Se podría decir que ha sido ‘estranged’ (distanciado) por los otros miembros originales: Slash, Duff McKagan y Matt Sorum, quienes, todos, tuvieron sus diferencias con Axl y decidieron formar su propia exitosísima banda, Velvet Revolver, junto al otrora ‘frontman’ de Stone Temple Pilots, Scott Weiland. De acuerdo a otras supuestas publicaciones gonzo, Axl ha pasado los últimos 14 años curándose con cristales y chacras (a veces recluido en el desierto de Sedona, Arizona) rodeado de gurús y guías espirituales muy bien pagados, al tiempo que trabajaba obsesiva y meticulosamente en Chinese Democracy, como si fuera su obra maestra kubrickiana, con un séquito de músicos de sesión y productores que han entrado y salido de la puerta giratoria en la que se ha convertido su estudio de grabación. Con más de 80 shows bajo sus cinturones, su más reciente encarnación luce parecida a algo como esto:
Axl Rose, Voz
Dizzy Reed, Teclados
Ron "Bumblefoot" Thal, Guitarra líder
Richard Fortus, Guitarra de acompañamiento
Robin Finck, Guitarra líder
Tommy Stinson, Bajo
Chris Pitman, Teclados y programación
Frank Ferrer, Batería y percusiones
Debido a una lesión en la muñeca izquierda del bajista Tommy Stinson, los Guns tuvieron que cancelar algunas fechas en Japón y decidieron iniciar su nueva etapa de la gira mundial en México, ¡una afortunada sorpresa para nosotros! Fueron tres fechas: Monterrey, Guadalajara y la ciudad de México, y los Superfans tratarían de al menos acudir a dos de ellos. Así que Edgar, Chon (otro amigo de la infancia quien fue el responsable de corromper a Edgar hacia GN’R) y yo emprendimos el camino para el segundo show en Guadalajara, sin saber realmente qué esperar, aparte de que probablemente empezaría tarde (teníamos reportes de que en Monterrey había empezado hasta las 2 de la madrugada). |
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Después de que las dos bandas que abrieron, cuyos nombres no recuerdo y ni siquiera me molestaré en investigar, presentaron su porquería (si la intención era encontrar bandas que apestaran para abrir el show, con la esperanza de hacer lucir a GN’R—¡misión cumplida!), hubo al menos dos horas de luces brillantes y absolutamente nada en el escenario, a excepción de algunos jalacables que calladamente preparaban el austero escenario para los estelares. Éste probablemente ha sido el escenario menos complejo que he visto para un gran concierto de rock. ¿Será esto otro reflejo del estado actual de la industria musical? Una estrategia costo-beneficio de no-poder-perder-dinero-en-la-gira: ¡bajos presupuestos y altas utilidades! Sin embargo, no creo que la audiencia se haya dado cuenta, porque estaban totalmente desquiciados, especialmente nuestros camaradas de los asientos más baratos, quienes comenzaron ceremoniosamente a quemar sus camisas y a arrojar cervezas a la audiencia de abajo y a la consola de sonido, misma que fue prontamente cubierta con una lona.
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A medida que se acercaba la medianoche, nuestros amigos rabiosos de las ultimas gradas comenzaron a escalar en descenso como changos por las paredes de los balcones hasta las siguiente gradas, y luego a las siguientes, hasta que finalmente llegaron al piso. La seguridad (meros acomodadores, la verdad) en el Arena Vicente Fernández Gómez eran insuperablemente negligentes, sin preparación para un concierto de rock a tope. (Si Axl hubiera estado presente en el estadio—o en la ciudad, o en el país—en ese momento, no estaría muy contento que digamos.) La gente comenzó a apretujarse en la escalera más cercana en un intento por alcanzar nuestros mejores sitios. Los acomodadores hicieron un triste y vano intento por disuadir a la raza de apoderarse de la escalera, pero la gente como una estampida de ganado lo consiguió, provocando que varias personas se cayeran de culo mientras se deslizaban por la escalera. Multitudes de gente se empezaron a congregar frente al escenario, los idiotas en la fila de atrás de nosotros rompieron las sillas en una anacrónica ira del Cro-Magnon, seguramente provocada por su frustración en la condición del siglo 21. Al mismo tiempo yo comenzaba a tener flashbacks de las famosas riñas de los conciertos de St. Louis, Montreal y Vancouver. Finalmente, alrededor de las 12:40 am, los operadores de luces rápidamente se levantaron en sus robóticas guarniciones y las luces bajaron de intensidad mientras la multitud rugía en anticipación. Debieron sentir la agitación del público, y que de haber esperado diez minutos más, hubiera habido problemas. En la oscuridad y en las pantallas apareció un figura sombreada sujetando una familiar Gibson Les Paul. Las cámaras de video hicieron un zoom a las manos del guitarrista mientras tocaba unas notas muy conocidas, que todo mundo reconoció inmediatamente como las iniciales de “Welcome to the Jungle”. El setlist siguió este orden:
“It's So Easy” (¡Ardiente!)
“Mr. Brownstone” (¡Excelente! Pero le faltó más funky-junk tipo Hendrix)
“Live And Let Die” (Nunca fue mi cover favorito, pero bien hecho)
Y luego un horrible solo al estilo Spinal Tap de Robin Finck (de hecho pensé que iba a empezar a tocar con los pies) y un jam con el tecladista Dizzy Reed y el baterista Frank Ferrer.
“Sweet Child O’ Mine” (Me sorprendió que la tocaran tan temprano en el concierto, y aunque bien tocada, nos hizo extrañar a Slash todavía más)
“Better” (La mejor de sus canciones nuevas, y tal vez, la mejor que he oído)
“Knockin' On Heaven's Door” (No fue exactamente lo que solía ser, y otra vez, se extrañó a Slash, y Axl no indujo al público a cantar como lo hacía antes)
“You Could Be Mine” (Frank Ferrer no es Matt Sorum)
“Angie” (un solo de piano de Dizzy Reed. Estaba esperando algo de los Stones, ¡y lo entregaron!)
“The Blues” (la nueva “Lick My Love Pump” de Chinese Democracy)
Después más farolismos de guitarra de Richard Fortus & Robin Finck que serpenteó en algo parecido a “Redemption Song” de Bob Marley.
“Out To Get Me” (No es mi favorita, pero bien hecha)
“November Rain” (Probablemente la canción de GN’R más pedida de la radio en México, que tocaron en medio de una gran ovación)
“I.R.S.” (Bastante… chingona)
Ron “Bumblefoot” Thal luego explotó con solos de guitarra de “La Cucaracha” y “Don't Cry” (Ambos muy buenos. Bumblefoot es probablemente el mejor de los nuevos músicos)
“My Michelle” (Clásico)
“Patience” (No tan hermosa o acústica como la recuerdo en el Hartford Civic Center)
“Nightrain” (Loaded like a freight train, Flyin' like an aeroplane, Feelin' like a space brain, One more time tonight!)
Encore:
“Madagascar” (Probablemente la menos favorita de sus canciones que he escuchado en vivo. Simplemente no me convence el ambiguo mensaje político, las muestras de videos pésimos y las pistas innecesarias de Martin Luther King, Jr. Prefiero “Civil War” cualquier día.)
“Paradise City” (Un caldera explosiva)
Sobre todo, fue una buena distribución entre clásicos y nuevo material. Y a pesar de los escurridizos de Internet, no parecía que la gente supiera o pudiera cantar el nuevo material. Hubo sólo una pequeña pelea durante el show entre un fan apasionado y un acomodador (creo que el fan ganó). Pero la cosa realmente remarcable fue cuando después de finalizar, la banda entera regresó para hacer reverencia con los brazos entrelazados. ¡Como si fuera una noche en la puta ópera! Algo de lo que nunca había sido testigo en un concierto de rock y que mucho menos hubiera esperado en un concierto de GN’R. Tal vez los tiempos han cambiado. Pero no puedo ridiculizar, los músicos se entregaron totalmente y el público los aclamó cada minuto.
A pesar de que la voz de Axl no parece tener la misma resistencia, versatilidad y fuerza (¿quién la tendría después de gritar así por más de 20 años?), escoge sus mejores canciones cuidadosamente, conoce sus propias limitaciones y es un maestro dirigiendo a las masas hacia el frenesí y dándoles exactamente lo que ellos quieren. |
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Llegar tarde es parte de su discreto encanto y magnetismo como rockstar. Pero tal vez Axl olvida que el público lo ha estado esperando por catorce años. Donde realmente la banda adolece es en el lado instrumental. Dejando de lado los mejores esfuerzos de Bumblefoot, los solos de guitarra de los señores Finck y Fortus dejan mucho que desear y les falta inspiración. Prometo no mencionar otra vez el nombre que empieza con “S”, pero si el público histérico no hubiera estado hambriento por catorce años por ver a GN’R en vivo, tal vez hubieran sido un poquito más críticos y un poco menos complacientes... Por suerte, para los Gunners, la mayor parte del tiempo no se alcanzaban a oír los terribles debralles de la guitarra por encima de la gritería de los maravillados fans. A pesar de que éste fue el show número ochentaytantos con la actual alineación, nos demuestra que no se pueden reemplazar fácilmente la química y personalidad de más de diez años que se tuvo con la banda original; ya sabes, los que escribieron, tocaron y desarrollaron las canciones (y los espectaculares intros) junto con Axl e Izzy Stradlin (el frecuentemente olvidado quinto miembro y co-compositor de muchos de los grandes éxitos) hacia una afilada perfección. Como el Idiota Culinario elocuentemente dijo en la ciudad de México, “ésta es la mejor banda de covers de Guns N’ Roses que he visto en mi vida”.
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Estaba tan emocionado durante el concierto de Guadalajara, que ni siquiera me molesté en escribir la lista de canciones para este artículo. Afortunadamente, Axl y compañía fueron muy amables en repetir la lista entera, canción por canción, solo por solo, cambio de vestuario por cambio de vestuario, en la ciudad de México, dos días después. Irónico, considerando lo que Axl pronunció durante el concierto rijoso de St. Louis (1991), “no somos de esas bandas que tocan el mismo set cada noche en cada ciudad que visitamos”. Creo que tal vez Axl y compañía debieron recibir una advertencia verbal (o tal vez monetaria) por parte de los promotores de la ciudad de México que desde luego fueron testigos o recibieron rápidos informes de los conciertos de Monterrey y Guadalajara. Te lo aseguro: si Axl no se presentaba a tocar antes de la 1:00 am, los chilangos no serían tan pacientes, educados y bien portados. De hecho había letreros afuera de las entradas del estadio advirtiendo al público que los estelares no tocarían antes de las 11:30 pm. Después de los shows de apertura que terminaron alrededor de las 10:00 pm o 10:30 pm, el Palacio de los Rebotes ingeniosamente proyectó el partido de futbol entre México y Paraguay en una pantalla gigante, que instantáneamente tranquilizó y volvió dócil a la raza de más de 21,000 personas, que incluso olvidaron (tal vez por sólo unos minutos) que habían ido ahí a ver a GN’R. (A quien se le haya ocurrido esta grandiosa idea, definitivamente merece un aumento.) Una vez que el partido terminó, las luces se apagaron y la banda se apoderó del escenario, y otra vez, escuchamos las notas hipnóticas iniciales de “Welcome to the Jungle”. De ahí en adelante, básicamente estuvieron en piloto automático. Y la audiencia estaba enloquecida, agradecida y emocionada por el mismo idéntico show.
Cuando eres joven percibes a estos personajes más grandes que la vida debido al tremendo impacto que su música tuvo durante tu adolescencia. Están en todos los medios de comunicación, en los más grandes escenarios del planeta y crees que son dioses. En la prepa el libro Hammer of the Gods por Stephen Davis era mi Biblia del rock. Las legendarias (y muchos dicen fabricadas) travesuras de Led Zeppelin durante los 70’s fueron suficientes para inspirar y convencer a cualquier joven, de que podía aspirar remotamente a una carrera en el rock n’ roll, vender su alma a Aleister Crowely. Sin tener alguna noción o talento musical (o intuición o ritmo) nunca me consideré un candidato. Creces imaginando cómo sería ser un rockstar, y das gracias a Dios que GN’R—incluso esta pobre imitación de GN’R—todavía exista para seguir manteniendo a este importante legado en estos tiempos difíciles. Hasta que en ese momento decepcionante descubres que ¡no tienen ni una sola pinche groupie tras el escenario entre todos ellos!
Así que debemos preguntarnos: ¿Cuánto ha decaído el rock?
¿Dónde están las salvajes fiestas en los cuartos de hotel?
¿Dónde están las orgías masivas?
¿Dónde están los tiburones?
Where are the feasts we were promised?
Where is the wine?
The New Wine.
Dying on the vine.
La triste realidad de que los mitos del rocanrol que hemos idolatrado por generaciones ahora sólo existen en libros de cuentos como Hammer of the Gods, es demasiado pedir para que un alma aguante. La moraleja aquí es: no conozcan a su ídolos, chavos, sólo se decepcionarán. O al menos, no los conozcan cuando han pasado 14 años desde su momento cumbre y han sido reemplazados por impostores. Con todo respeto para los actuales miembros de la banda, take me back to the paradise city que alguna vez fue el Hartford Civic Center.
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